domingo, 22 de mayo de 2016





LOS CABALLOS.

 Orígenes del caballo


El primer espécimen conocido hasta el momento, perteneciente familia de los equinos, fue el Eohippus, se calcula que tiene aproximadamente unos 55 millones de años de antigüedad. El fósil de este ejemplar fue descubierto en Norteamérica en 1867. Medía unos 30 centímetros, con almohadillas en las patas (cuatro delante y tres detrás) habitando en las zonas selváticas y en los pantanos. Este ejemplar se propagó hacia Europa en el periodo denominado Eoceno.

La especie evolucionó debido a los cambios climáticos, dando como resultado diversos tipos como son: el Mesohippus que era un poco mayor, tenía tres dedos en cada pata y una dentadura más eficiente que le permitía comer una vegetación más variada, existiendo hace 25 a 40 millones de años, el descendiente de este ejemplar es el Miohippus, después el Merychippus, este ejemplar tenía cierto parecido al burro, con la diferencia de que poseía un dedo mayor en el centro, lo cual le ayudaba a alcanzar gran velocidad y recorrer mayores distancias

El Dinohippus y el Pliohippus fueron las primeras especies que tuvieron los cascos formados, los dedos laterales habían desaparecido, existió hace dos a cinco millones de años. En la era glacial, el número de estos antecesores del caballo fue disminuyendo hasta quedar extintos del continente americano hace aproximadamente unos ocho mil años.

Los ejemplares que sobrevivieron comenzaron a extenderse desde Asia hasta Europa y África siendo los antecesores del caballo que hoy en día conocemos como Equus caballus. Su evolución corresponde principalmente a cuatro tipos básicos, de los cuales descienden las razas existentes; el caballo del bosque de tipo sólido, con cabeza y cascos grandes, es muy posible que fuera el fundador de los caballos de sangre fría y razas de tiro, el caballo de la meseta, de tipo más fino, descienden los pequeños y resistentes caballos mongoles semisalvajes. El caballo de la estepa, de un tipo más ligero, originó las razas orientales, como el árabe y el barbo, los cuales son los antecesores de la pura sangre. El caballo de la tundra era de tipo grande y pesado, como el Yakut proveniente de las regiones polares, parece ser el único descendiente. 

Existen evidencias que el caballo fue domesticado hace cinco o seis mil años, los primeros en incursionar en la domesticación del caballo fueron las tribus nómadas, a medida que viajaban a través de las regiones de los mares Caspio y Negro.

En la clasificación de los caballos posglaciares del Viejo mundo que manejaron los primeros domesticadores no se habla de especies sino de varios tipos:
1. El pony celta de Ewart, mejor conocido como pony atlántico. Las razas modernas que más se le asemejan son la Exmoor y cierta subraza islandesa.

 2. El caballo escandinavo de Ewart, habitó en el norte de Eurasia. Las razas modernas que más se asemejan son el pony de los fiordos noruegos, cierto tipo de pony de las Tierras Altas y el caballo de tiro pesado Noriker.

3. El caballo de Asia central. Las razas modernas que más se le asemejan son el caballo portugués Soraya, de color arcilla, y con una forma más esterilizada, el Akhal- Teké de Asia Central y el Karabakh, ambos castaño-dorados. Siendo los antecesores de las razas niseana y bactriana, las cuales contribuyeron un 59%, a través de los caballos turco, bactriano y andaluz, a la creación del pura sangre inglés.

La doma


Para entender el comportamiento de los caballos hay que partir de la base de que los equinos son animales que eligen a su líder por la seguridad que le proporciona. En cambio huyen del individuo que intenta dominarlo por la fuerza.

El sistema de doma tradicional tiene sus paralelismos con el pensamiento, ( no solo científico sino también psicológico), en el que el egocentrismo nos lleva a ignorar la sencilla verdad y complicarnos la vida con interpretaciones fantásticas que dan muchos problemas en la práctica real. Si en vez de considerar el caballo como un esclavo del ser humano y preocuparnos de inventar complicadas técnicas para convencerle de ello, lo estudiamos como a cualquier otro animal salvaje bien adaptado en sus reacciones y percepciones naturales para conseguir una cierta forma de vida ¿ no sería mejor para todos?
Durante millones de años, el caballo siempre ha sido una presa para los depredadores. Para conseguir su comida no necesita más que bajar la cabeza al suelo, no hay competición entre ellos (excepto entre sementales para conseguir yeguas), los caballos se juntan en grupos por seguridad, llevando una vida pacífica.
En cada grupo hay una yegua, mayor y sabia, que la manada elige como líder siguiéndola voluntariamente y coordinándose con ella. Este papel siempre corresponde a una yegua y no a un semental, cuya función es proteger y vigilar. Los seres humanos, en cambio, somos depredadores, que nos juntábamos en grupos para cazar, somos muy agresivos, competitivos y nos controlamos poco, por eso tenemos que tener un sistema jerárquico de autoridad para evitar matarnos los unos a los otros. A esto se le llama dominancia.

Los individuos que no somos dominantes nos juntamos con los que si lo son, pues ellos tienen el control de los recursos, incluso cuando nos mandan hacer cosas que no nos apetecen mucho.
Cuando se enfadan con nosotros nos sometemos acercándonos y pidiendo perdón. Este comportamiento es tan básico en nosotros que tendemos a pensar que es universal entre todos los animales, tratándolos de manera dominante para que se sometan y obedezcan.

Funciona con los perros, que también son depredadores, pero no es así con los caballos. Si actuamos de esta manera, siempre se alejaran. Entonces, algunos seres humanos utilizan métodos en donde ejercen la fuerza, produciéndoles dolor y pánico, para hacerles entender quién es el que manda. Y así de esta manera, algunos caballos, salvan su vida, sometiéndose al castigo, pero por el resto de su vida seguirán susurrando, no quiero estar junto a ti.

Entonces, si realmente queremos a los caballos debemos abrir los ojos y ver la realidad de sus comportamientos, la cual es mucho más sencilla aunque más sutil.


Para los caballos, que viven en grupos, coordinándose unos con otros moviéndose unidos es una práctica esencial para la supervivencia. Esta cualidad es la que tenemos que utilizar para llegar a compenetrarnos de una forma tan completa que nuestro caballo nos seguirá y ejecutara nuestros pensamientos sin órdenes. Esto es fruto de la naturaleza misma del caballo moverse en armonía y con seguridad junto a su líder (jinete), esto se logra atrayéndolos con un liderazgo sabio y calmado para que quieran coordinarse con nosotros. Esto es la Doma Natural.

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